El próximo sábado, día 28 de marzo, celebramos un nuevo SÁBADO PEDIÁ
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El pacto terapéutico
Nos encontramos en un momento históricamente incierto, sin precedentes y por lo tanto, sin que nos sea posible escapar al contagio que produce la sensación colectiva de “estar en crisis”.
Y, es cierto, estamos en crisis, como sociedad, como país, como ciudadanos privilegiados del “estado de bienestar”, como depositarios de la tradición cultural, cada vez más inútil en los retos que plantea el presente. Pero, sobre todo, estamos en crisis, porque las seguridades sobre las que construimos nuestra identidad se mueven bajo nuestros pies y además no podemos encontrar referentes que nos permitan proyectar el futuro. Sin pasado que nos dé cimientos ni futuro que permita poner una brújula y trazar el rumbo, el presente se tambalea a falta de amarres.
Y la incertidumbre es la gran antesala del miedo, de la misma forma, que es el miedo, incomprensible e incomprendido, el que nos provoca reacciones desmesuradas de ataque, defensa o huida. Esto ocurre, desde lo colectivo a lo más intimo; de la individualidad, a lo social.
Y así, las interacciones entre personas o grupos, se convierten en espacios de confrontación, lucha o agresión de todos contra todos, para preservar los miserables espacios de certeza, pertenencia o arraigo que nos invisten de una identidad anómala, cada vez más lejana de lo mejor del ser humano.
Humanismo entendido como valor, como instrumento de éxito y colaboración desde la empatía, la generosidad o la creencia, que es mucho más profunda que la idea, de que el único camino que nos librará de la angustia es el que nos conduce hacia el respeto a la propia dignidad y a la de los demás. Mientras los medios de comunicación, los líderes políticos o intelectuales legitimen la inmoralidad o el derecho a ser anti-semita, anti-musulmán, anti-español, anti-Barça, anti-Real Madrid o anti lo que sea… erramos el camino. No es posible construir nada, destruyendo…. porque, cuando agredimos, de palabra o de obra, nos convertimos en reos de nuestra propia estupidez o infantilismo… nuestros rencores, insultos o malos deseos nos definen a nosotros, nunca a la victima sobre la que proyectamos el veneno… Y es, con todo este enredo de valores e infravalores, de derechos y deberes, de certezas banales a falta de creencias profundas, cuando desde la PSICOTERAPIA nos enfrentamos con la angustia o el miedo a la tristeza en la que se vuelve imprescindible e ineludible, crear un VINCULO TERAPEUTICO, o sea curativo, en el que se establezcan con “transparencia”, “honestidad” y “compromiso de lealtad” los objetivos y las condiciones que van a permitir crear un ESPACIO DE ENCUENTRO EXCEPCIONAL, en el que paciente y terapeuta, jueguen en el mismo equipo y persigan el mismo fin.
Juntos desde lo mejor de cada uno. Sin trampa ni cartón. Haciendo honorable el encuentro, recuperando y estableciendo, mediante un compromiso explicito hablado y pactado, todo aquello que en esencia se recoge en el viejo e inmortal “Juramento Hipocrático”.
Solo así, la psicoterapia, tendrá posibilidades de ser un instrumento reparador…con la transparencia de mirarnos a los “ojos” y la hondura de “poner el corazón”.
Porque en un mundo cada vez más confuso, un remanso de “autenticidad” es un oasis.
Dra. Laura Belmar Rosas
Área de Psiquiatría
UNIDAD DE MEDICINA PSICOSOMATICA Y PSICOTERAPIA
Médico psicoterapeuta































