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¿Está enfermo el corazón de las sociedades desarrolladas?

Dr.Francisco Javier Cortés- Cardiólogo

Información.es » Medicina y Salud 04-09-2010

¿Está enfermo el corazón de las sociedades desarrolladas?

Hace no muchos años, menos de un siglo, la gran amenaza para la salud de las personas residían en un porcentaje muy elevado en la enfermedades infecciosas. De todos es conocido las plagas que se llevaban por delante gran número de vidas, como la peste, la tuberculosis, la viruela, el cólera o la gripe.

Como la mejora y el desarrollo de medidas higiénicas y la introducción de los antibióticos y campañas de vacunación, estas enfermedades antes sinónimos en algún caso de muerte segura, hoy en día bien se encuentran erradicadas o los tratamientos disponibles permiten curarlas en la inmensa mayoría de los pacientes.

Por este motivo, el aumento de la riqueza en los países desarrollados y la disminución del número de guerras en las que se ven involucrados, ha favorecido el notable aumento de la esperanza de vida de sus ciudadanos, que se encuentra en la actualidad sobre los 80 años.

Dado el envejecimiento de la población, cobran especial relevancia enfermedades de épocas tardías de la vida y que 100 años atrás no preocupaban como causa de muerte.
Hoy en día ciertos tipos de cáncer y sobre todo las enfermedades cardiovasculares se han erigido como las principales causas de mortalidad en los países desarrollados.
La mortalidad cardiovascular en especial, continúa en aumento en nuestra sociedad y se trata de una enfermedad distinta a todas las que preocuparon anteriormente a los médicos. Digo distinta porque no se trata de una enfermedad que se adquiere en un momento determinado y que tras el diagnóstico es o no curada. Se trata de una enfermedad que comienza de forma insidiosa y va progresando lentamente, sin que dé ningún síntoma o advertencia al paciente durante muchos años.

Es un proceso que, de forma lenta y progresiva, va obstruyendo las tuberías por las cuales nuestra sangre lleva el oxígeno y alimento a todo nuestro cuerpo. Va obstruyendo nuestra arterias. Ya que nuestro organismo es sabio, somos capaces de tolerar reducciones de la luz de la arteria superiores al 50% antes de que comiencen a aparecer síntomas.

¿Cuáles son esos síntomas? Pues todo depende de cuál sea la arteria mayormente afectada y a que órgano suministre sangre. Por ejemplo: si esa arteria estrecha se encontrara en el cerebro comenzaríamos a notar síntomas de demencia; si fuera en el corazón notaríamos dolores en el pecho cuando hiciéramos cualquier tipo de esfuerzo; si se tratara de las piernas notaríamos que nos duele la zona de los gemelos tras caminar unos metros o al subir una cuesta.

Además, se producen frecuentemente otros síntomas mucho más devastadores consecuencia de la obstrucción total de dichas arterias, como son el conocido accidente cerebrovascular y el infarto agudo de miocardio.

Ahora es el momento de preguntarse si es que estas "nuevas" enfermedades no tienen tratamiento. Bueno, pues sí lo tienen, pero es sólo un tratamiento paliativo e incompleto. Es decir, somos capaces de abrir o establecer caminos alternativos (by-pass) en muchas ocasiones a esas obstrucciones arteriales, pero sólo en zonas limitadas. Ya que las estrecheces de las arterias es un proceso general del organismo y dado que no podemos cambiar todas las arterias por unas nuevas, que sería la forma de curar totalmente la enfermedad, nos tenemos que contentar con tratar estrecheces localizadas en algunas de sus porciones. Todo ello siempre que no haya ocurrido previamente una obstrucción completa de la arteria y la consiguiente pérdida irrecuperable de la porción de tejido de nuestro organismo a la que suministra sangre, con lo que la apertura de la misma con el fin de restaurar de nuevo el flujo sanguíneo, ya no aportaría ningún beneficio.

Por todo ello, hoy en día los médicos, cada vez mas, nos enfrentamos a las enfermedades desde el punto de vista de su prevención. Tratar simplemente de que no aparezcan o retrasando el mayor tiempo posible su aparición. Ya que sabemos perfectamente que, una vez que se instauran, la mayoría de las veces el tratamiento es, como mucho, incompleto.

Esto hace que los profesionales de la salud tengamos por delante dos difíciles obstáculos; el primero de ellos conocer y aplicar las medidas para prevenir la aparición de la descrita arteriosclerosis y el segundo y no menos dificultoso, convencer a pacientes aún sanos, sin ninguna molestia, que deben de realizar ciertos cambios en su estilo de vida o en su alimentación y en muchos casos tomar diariamente una serie de medicamentos para poder prevenir dichas enfermedades.

Cuantas veces los médicos tenemos que oír de nuestros pacientes frases como: "no, es que yo no soy aficionado a tomar pastillas" o "es que yo no soy de ir al médico" o también "pero ¿por qué tengo que tomarme esas pastillas si me encuentro bien?".

No sólo tenemos que luchar con las enfermedades sino también con las reticencias de los pacientes a seguir los tratamientos prescritos. Ésta última lucha es mucho más difícil en el campo de la medicina preventiva, dado que tratamos a pacientes sanos.

Desde el punto de vista de las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, la hipercolesterolemia, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo son los principales enemigos a batir, con el fin de que no aparezcan o al menos lo hagan muy tarde los frecuentemente desastrosos efectos de un infarto de miocardio, una trombosis cerebral o de una insuficiencia cardiaca o renal.

Todos estos factores de riesgo, a excepción del tabaquismo, aparecen o se agravan con la edad. Por ello es por lo que las enfermedades cardiovasculares son predominantes en sociedades desarrolladas, con largas expectativas de vida.

Dado que la mejor arma para tratar estas enfermedades es la correcta prevención, cada vez mas, las unidades de prevención cardiovascular serán más importantes en preservar la salud de nuestra sociedad, no sólo aplicando las medidas apropiadas para la misma, sino también con artículos como este, concienciando a la población de esta imperiosa necesidad.

Dr.Francisco Javier Cortés
Cardiólogo

Publicado Diario Información de Alicante 4-9-10

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