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Infección por Legionella
INFECCIÓN POR LEGIONELLA
Periódicamente saltan a las páginas de los periódicos presuntas epidemias de infecciones por Legionella. En la actualidad asistimos a nuevos brotes, centrados en Galicia, Cataluña y Alcoy y nuestra tierra vuelve a sufrir con intensidad las consecuencias de esta bacteria. Es, probablemente, un buen momento para comentar los aspectos fundamentales de la tristemente famosa Legionella.
Filadelfia 1976: Un brote neumónico causado por un agente desconocido origina 34 muertos entre los 221 asistentes a una convención de La Legión Americana. Seis meses después se aísla a partir de muestras de tejido pulmonar una nueva bacteria a la que se bautiza como Legionella pneumophila. Ésta es un pequeño bacilo aerobio Gram negativo que no crece en los medios de cultivo habituales. Su hábitat natural es el acuático y su crecimiento se encuentra favorecido por temperaturas moderadamente elevadas, ciertos protozoos y la microflora que crece en el sedimento de aguas estancadas.
El mecanismo de adquisición de la legionelosis es la inhalación directa. Los sistemas de aerosolización de agua contaminada juegan un importante papel en la difusión de la enfermedad. Las epidemias se han asociado con la exposición a condensadores de evaporación, torres de refrigeración, cabezales de ducha y sitios de excavaciones contaminados. La incidencia de epidemias y casos esporádicos es máxima desde Junio a Octubre. No se ha demostrado transmisión de persona a persona. El periodo de incubación de la Legionelosis es relativamente largo, oscilando entre 2 y 10 días desde que es inhalada hasta que se inician los síntomas.
Aunque la neumonía por Legionella puede incidir en sujetos previamente sanos, se han identificado diversos factores predisponentes, entre los que se incluyen tabaquismo, intervenciones quirúrgicas recientes, patología subyacente importante: Enfermedades pulmonares crónicas, patología cardiovascular, nefropatía, diabetes, cáncer, alcoholismo y todas aquellas enfermedades o tratamientos (corticoesteroides, citostáticos) que condicionen disminución de la inmunocompetencia. Los receptores de transplante renal son especialmente susceptibles a esta infección.
Los síntomas que origina son similares a los de cualquier neumonía: fiebre, tos con o sin expectoración, dolor de cabeza, fatiga y malestar general. Su severidad es variable, aunque origina una mortalidad de hasta el 15% cuando afecta a pacientes debilitados. Su diagnóstico es difícil, pues su presentación es similar al resto de neumonías. Para el diagnóstico de Legionelosis disponemos actualmente de varios métodos, el más definitivo es el aislamiento de Legionella en cualquier muestra respiratoria.
Para el tratamiento de la Legionelosis disponemos en la actualidad de varios antibióticos eficaces, como la Eritromicina, Claritromicina y Moxifloxacino. La duración óptima oscila entre 12 y 21 días en función de la severidad de la infección y las características del paciente.
Para prevenir esta infección es conveniente vigilar regularmente los hábitats predilectos de la bacteria, con especial atención a las instalaciones hospitalarias. El método más útil de prevención es la desinfección de los reservorios acuáticos: hipercloración, rayos ultravioletas y temperaturas superiores a los 60º. Pero pese a una desinfección eficaz pueden darse casos esporádicos de Legionelosis.
Pese a todo, la mayoría de los expertos coinciden en que esta enfermedad adquiere mayor importancia en los medios de comunicación que en los hospitales donde se encuentran los pacientes afectados.































