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Reflexiones acerca de la normativa del tabaco
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Dr.Juan Carlos Padilla Estrada-Neumólogo
REFLEXIONES ACERCA DE LA NORMATIVA SOBRE EL TABACO


En apenas tres meses entrará en vigor en nuestro país una nueva normativa reguladora del consumo de tabaco que ya está generando controversia social. El reciente aumento de las tasas que gravan estas labores no ha hecho más que aumentar la polémica que, inevitablemente, rodea cualquier decisión que implique al difícil equilibrio entre derechos y deberes de colectividades.

Que el tabaco es nocivo para la salud es una realidad sobre la que nadie debe albergar dudas. Según la OMS, el consumo de tabaco es el primer factor causal aislado de enfermedad evitable, invalidez y muerte prematuras en los países desarrollados. Hasta ahora, el uso del tabaco se ha asociado a más de veinticinco enfermedades. Su consumo es el principal factor causante de aproximadamente la tercera parte de los cánceres, incluido el cáncer de pulmón (del que se estima que en un 85% de los casos es provocado por el tabaco), el cáncer de la cavidad oral y el cáncer de laringe, faringe, esófago, vejiga y riñones. También las enfermedades respiratorias, tales como bronquitis crónica, enfisema y asma, son atribuibles al tabaquismo o se ven exacerbadas por él. Además el consumo de tabaco es un importante factor de riego que contribuye a las enfermedades cardiovasculares, y el riesgo de desarrollar una enfermedad coronaria es aproximadamente dos veces mayor entre las personas adictas al tabaco que entre las no fumadoras. El tabaquismo pasivo se considera asimismo un factor de riesgo para una serie de enfermedades, en especial cáncer de pulmón, y origina alrededor de 5.000 muertes anuales en España.

Además de los riesgos generales asociados al tabaquismo, las mujeres fumadoras se enfrentan a un cierto número de riesgos adicionales para la salud específicos de su sexo. En concreto, el tabaquismo puede contribuir a una reducción de la fertilidad y a incrementar el riesgo de menopausia precoz. También es un factor que contribuye a la osteoporosis en las mujeres en fase postmenopáusica. El consumo de tabaco, cuando se combina con el uso de anticonceptivos orales, puede también incrementar sensiblemente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Se ha asociado el consumo de tabaco durante el embarazo con un mayor riesgo de aborto espontáneo, complicaciones durante el embarazo, muerte fetal, partos prematuros, bajo peso al nacer y muerte del neonato. También aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante y se asocia con una serie de consecuencias a largo plazo en la salud del niño como capacidad pulmonar reducida y mayores tasas de infecciones respiratorias.

Pero a lo que nos enfrentamos no es sólo a una bien conocida causa de enfermedad. Se trata, en realidad, de una adicción. Si no fuera así no se podría explicar que más de mil millones de personas acudan diariamente a un establecimiento a gastar dinero para adquirir un producto del que conocen su malignidad y aun así compran día tras día. La nicotina, droga de elevada capacidad adictiva, es la responsable de este comportamiento, como lo es de la sensación de falso bienestar que sucede a la inhalación del humo del tabaco. Por tanto deberemos considerar al fumador como adicto a una potente droga.

Si aceptamos que el tabaco es nocivo ?y la evidencia científica en ese sentido es abrumadora- coincidiremos en que todos deberemos esforzarnos en alejar al mayor número de personas de ese hábito y, sobre todo, evitar que accedan por primera vez a él los jóvenes, en quienes aún es más nocivo el efecto tabáquico.

Está demostrado que el aumento de precio es la medida más eficaz para reducir su consumo, especialmente entre el colectivo joven, aquel más escaso de ingresos. Por tanto, bienvenidas las tasas que encarecen los cigarrillos. Esa subida de impuestos ayudará además a sufragar el mayor gasto sanitario que indefectiblemente originan los fumadores a medio y largo plazo. Y si hablamos de jóvenes, evitemos la identificación de aquellas actividades que prefieren con el tabaco: seamos muy estrictos al prohibir la publicidad tabaquera absolutamente, sin dejar sutiles escapatorias y evitando que ésta aparezca en el mundo del deporte, parcela de gran influencia sobre el colectivo adolescente.

En 1988 apareció la llamada carta contra el tabaco que ?en esencia- reconocía el derecho de cualquier individuo a respirar aire puro. Y es precisamente éste el que debe prevalecer sobre el derecho a fumar en lugares compartidos. La necesaria tolerancia hacia los fumadores alcanza solamente hasta donde éstos no pueden inundar el aire de vapores nocivos. Por eso las normativas reguladoras de las relaciones entre fumadores y no fumadores han de ser necesariamente garantes con éstos últimos, considerando además que representan más del 65% de la población española y que entre ellos se encuentran los colectivos más débiles, como son los niños, los ancianos, los enfermos. En virtud de derecho alguno se puede consentir que nadie que no lo desee respire aire contaminado por sustancias cancerígenas de humo del tabaco, procedente de otra persona que ha elegido, libre y conscientemente, seguir fumando aun a riesgo de comprometer su propia salud. En otras palabras: el derecho a respirar aire puro prevalece sobre el derecho a fumar, de manera absoluta y sin excepciones.

A partir de ahí se pueden entablar debates acerca de si debemos o no habilitar salas para fumadores en centros de trabajo o establecimientos públicos, podremos discutir si es razonable eximir de parte de su jornada laboral a los fumadores para que salgan a la calle a contribuir a la contaminación atmosférica o si en bares y cafeterías reservamos un lugar para exhalar vapores nicotínicos.

Pero lo que no debe plantear duda alguna es la necesidad de establecer políticas activas dirigidas a arrancarles clientes a las compañías tabaqueras y ?sobre todo- evitar que ingresen en ese macabro club las nuevas generaciones. Por eso me inclino a aceptar de buen grado el exceso en la norma y creo que las medidas propuestas y llevadas a cabo en otros países deben extenderse al nuestro, dado que su intención es la de poner trabas a la promoción y acceso a estos productos.

Incluso yo sería un poco más ambicioso en los objetivos. Pretendería conseguir que el no fumar sea una elección más fácil que la de fumar, aumentar la concienciación ciudadana sobre los riesgos del consumo de tabaco intentando conseguir una generación de no fumadores y apoyar los esfuerzos de aquellos que quieran dejar de fumar. Y esa tarea no se le puede dejar en exclusiva al legislador. Es una labor de todos los implicados en los procesos sanitario y educativo, de los poderes públicos, los medios de comunicación y de la sociedad civil en general.

Porque, ¿Qué sucedería si cada día se estrellaran en algún lugar de Europa ocho aviones Jumbo y perecieran todos sus ocupantes? Pues ése es el tributo que se cobra el tabaco en Europa y al que asistimos con una preocupante pasividad.




Autor:

Juan Carlos Padilla Estrada

Médico neumólogo

Director médico Hospital Internacional Medimar de Alicante

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